si es cierto
que el universo es circular
cualquiera de estos días
regresa por el otro lado
el estrépito del big-bang
y nos morimos todos
del susto.
la crisis de los cuarenta se ha trasladado a los cincuenta. no dejo de encontrarme a tipos de mi edad montando potentes (?) motocicletas.
hoy cumplo años. siempre he dicho que lo bueno que tiene hacer años un día como hoy es que siempre tendré algo que celebrar: mientras tenga memoria para recordarlo, mi cumpleaños; a partir de entonces, el día del alzheimer.
la vergüenza ajena es la forma más espontánea y refleja de empatía.
quizá también la más sincera y perfecta.
je me souviens a menudo, sobre todo mientras me preparo el desayuno, de aquellos spots de principios de los ochenta en los que un grupo de saludables excursionistas nos vendían la moto para que consumiésemos la moderna y profiláctica leche uperisada exclamando asombrados ‘¡y cómo deja el vaso!'.
las mujeres que en otro tiempo me parecieron hermosas se van, poco a poco, transformando en sus madres.
los gordos podemos hablar siempre en plural, porque somos siempre nosotros mismos y nuestra barriga, nosotros mismos y nuestra gordura, nosostros mismos y nuestra inmensa humanidad. gracias a todo ello los gordos podemos hablar siempre en plural sin que nos tilden de pedantes, de pretenciosos, de presuntuosos, de arrogarnos el uso morganático de un plural mayestático.
las novelas de Modiano y Je me souviens de Perec m'ont faît du mal. las novelas de Modiano porque, en el fondo, muchas de ellas tratan sobre la vertiginosa fugacidad de las cosas, sobre cómo desaparecemos y, a la vuelta de unos muy pocos años, no queda de nosotros ni siquiera el recuerdo, tan sólo un débil eco, una reverberación en las calles que frecuentamos, en los lugares donde fuimos, y Perec, porque sus ágiles y coloristas je me souviens apenas si consiguen apuntalar el recuerdo. m'ont faît du mal además porque ayer, por azar, regresé al bar donde pasé una buena parte, una parte buena de mi juventud, y el camarero, que entonces era poco mayor que nosotros, está viejo, canoso, arrugado, desplazado detrás de la barra que ahora atiende un joven alto y pálido que entonces era un niño pálido y pequeño que no sobrepasaba el mostrador, porque me asomé como entonces por la ventana del bar y el paisaje es el mismo, una casa de d
os plantas anodina, desconchada, de un color blanco sucio, apenas a tres metros de distancia, y seguían pasando jóvenes de un lado a otro animados por la fiesta, pero sus rostros eran otros, sus ropas eran otras, su música era otra, m'ont faît du mal porque la vida seguía sin mí más o menos igual, porque hacía años que no entraba en ese bar en el que pasé tanto tiempo y el bar no me echaba en falta. m'ont faît du mal porque me han hecho darme cuenta de que, cuando muera, yo, que no tengo hijos, a quien el diablo no ha dado siquiera sobrinos, en muy poco tiempo no seré más que una página amarillenta del registro civil, que envíos publicitarios y comunicaciones del banco devueltas por el cartero, que el eco de una sombra que paseaba por el parque, que frecuentaba la biblioteca municipal, que se acodaba las horas muertas en la alta barra del bar Osiris.