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La Coctelera

Categoría: Lecturas

181, Perec, Modiano, Osiris

las novelas de Modiano y Je me souviens de Perec m'ont faît du mal. las novelas de Modiano porque, en el fondo, muchas de ellas tratan sobre la vertiginosa fugacidad de las cosas, sobre cómo desaparecemos y, a la vuelta de unos muy pocos años, no queda de nosotros ni siquiera el recuerdo, tan sólo un débil eco, una reverberación en las calles que frecuentamos, en los lugares donde fuimos, y Perec, porque sus ágiles y coloristas je me souviens apenas si consiguen apuntalar el recuerdo. m'ont faît du mal además porque ayer, por azar, regresé al bar donde pasé una buena parte, una parte buena de mi juventud, y el camarero, que entonces era poco mayor que nosotros, está viejo, canoso, arrugado, desplazado detrás de la barra que ahora atiende un joven alto y pálido que entonces era un niño pálido y pequeño que no sobrepasaba el mostrador, porque me asomé como entonces por la ventana del bar y el paisaje es el mismo, una casa de dos plantas anodina, desconchada, de un color blanco sucio, apenas a tres metros de distancia, y seguían pasando jóvenes de un lado a otro animados por la fiesta, pero sus rostros eran otros, sus ropas eran otras, su música era otra, m'ont faît du mal porque la vida seguía sin mí más o menos igual, porque hacía años que no entraba en ese bar en el que pasé tanto tiempo y el bar no me echaba en falta. m'ont faît du mal porque me han hecho darme cuenta de que, cuando muera, yo, que no tengo hijos, a quien el diablo no ha dado siquiera sobrinos, en muy poco tiempo no seré más que una página amarillenta del registro civil, que envíos publicitarios y comunicaciones del banco devueltas por el cartero, que el eco de una sombra que paseaba por el parque, que frecuentaba la biblioteca municipal, que se acodaba las horas muertas en la alta barra del bar Osiris.

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170, más Coetzee

"Al final de una jornada de trabajo literario me encuentro con unas páginas a la que estoy acostumbrado a considerar lo que quería decir. Pero ahora, con una mayor cautela, me pregunto: ¿Son estas palabras, impresas en papel, realmente lo que quería decir? ¿Es suficiente alguna vez, como explicación fenomenológica, decir que en algún profundo recoveco de mi ser sabía lo que quería decir, tras lo cual busqué los símbolos verbales adecuados y los combiné una y otra vez hasta que logré decir lo que quería? ¿No sería más exacto decir que jugueteo con una frase hasta que las palabras en la página 'suenan' o 'son' correctas, y entonces dejo de juguetear y me digo: 'Eso debe de ser lo que querías decir'? En ese caso, ¿quién juzga lo que suena o no suena bien? ¿Es necesariamente el yo ('yo')?"

(De Diario de un mal año).

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168, números

leo en el Diario de un mal año, de Coetzee, que “las matemáticas que hemos inventado (según algunas versiones) o descubierto (según otras), de las que creemos o esperamos que sean una llave para acceder a la estructura del universo, muy bien podrían ser igualmente un lenguaje privado (privado de los seres humanos con cerebros humanos) con el que garabateamos en los muros de nuestra caverna” y recuerdo haber pensado algo parecido hace tiempo, leyendo algún libro elemental sobre teoría de la ciencia, haber sido consciente, de pronto, de que las matemáticas no son más que una herramienta para descifrar el mundo, una herramienta eficaz y sutilísima, desde luego, pero una herramienta al fin y al cabo que quizá en un momento dado lleguemos a superar hasta dejarla obsoleta, de que hoy por hoy nos sentimos orgullosos de tanto como hemos alcanzado cuando quizá lo que en realidad andamos haciendo es poco más que contar garbanzos.

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167, ballenas

siguiendo el hilo de estas cosas que me vienen saliendo al paso últimamente en relación con la imagen y la representabilidad del mundo, también me ha llamado la atención el capítulo 55 de Moby Dick, que trata, precisamente, sobre los monstruosos retratos de ballenas y sobre cómo ninguna de las representaciones de ballenas existentes entonces se ajustaba del todo a la realidad, y que Herman Melville concluye, con no poca ironía, diciendo, "So there is no earthly way of finding out precisely what the whale really looks like. And the only mode in which you can derive even a tolerable idea of his living contour, is by going a whaling yourself; but by so doing, you run no small risk of being eternally stove and sunk by him. Wherefore, it seems to me you had best not be too fastidious in your curiosity touching this Leviathan (1) "


(1) "por tanto, no hay forma humana de averiguar con precisión cuál es la apariencia real de la ballena. Y el único modo por el que se puede alcanzar una idea al menos tolerable de su aspecto físico es saliendo uno mismo a la caza de ballenas; pero haciendo tal cosa, se corre el no pequeño riesgo de acabar eternamente destrozado y hundido por ellas. Con lo que me parece que lo mejor es no ser demasiado pejigueras en la curiosidad relativa a este Leviatán"

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163, exactitud

"Exactitud quiere decir para mí sobre todo tres cosas:

1) un diseño de la obra bien definido y bien calculado;
2) la evocación de imágenes nítidas, incisivas, memorables; hay para esto en italiano un adjetivo que no existe en inglés, 'icástico', del griego εικαστικός;
3) el lenguaje más preciso posible como léxico y como expresión de los matices del pensamiento y de la imaginación.

¿Por qué siento la necesidad de defender valores que a muchos parecerán obvios? Creo que mi primer impulso obedece a que padezco de una hipersensibilidad o alergia: tengo la impresión de que el lenguaje es usado cada vez más de manera aproximativa, casual, negligente, y eso me causa un disgusto intolerable. No se vaya a creer que esta reacción corresponde a una intolerancia hacia el prójimo: lo que más me molesta es oírme hablar. Por eso trato de hablar lo menos posible, y si prefiero escribir es porque escribiendo puedo corregir cada frase tantas veces como sea necesario para llegar, no digo a estar satisfecho de mis palabras, pero por lo menos a eliminar las razones de insatisfacción que soy capaz de percibir. La literatura -quiero decir, la literatura que responda a estas exigencias- es la Tierra Prometida donde el lenguaje llega a ser lo que realmente debería ser."

Italo CALVINO, Seis propuestas para el próximo milenio.

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162, cocodrilo

recuerdo haber leído en la Historia de Herodoto la descripción de un cocodrilo. entonces me pregunté si, en aquel tiempo sin apenas imágenes, un griego que leyese esa descripción lograría hacerse una idea más o menos exacta de lo que es un cocodrilo. pensándolo bien, seguramente no, pero estoy seguro de que esas pocas e imprecisas palabras de Herodoto resultarían más que suficientes para avivar su imaginación. hoy, en cambio, en este mundo tan saturado de imágenes, nos sobran esas pocas e imprecisas palabras, y aun cuando fueran muchas más, el doble o el triple, o fueran aún más precisas y pormenorizadas, nos seguirían sobrando, y serían incapaces de suscitar en nosotros la más mínima fascinación. a veces es una lástima que lo tengamos todo tan visto.

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159, Bartleby

recuerdo haber leído hace varios años el relato de Herman Neville, Bartleby, el escribiente. me gustó, desde luego, y sé que me fascinó e intrigó profundamente, como al propio narrador, el personaje, ese enigmático Bartleby que cada vez prefiere hacer menos cosas. lo que no recuerdo es que el relato llegase a engancharme de verdad, es decir, que me atrapase desde las primeras frases obligándome a leerlo de un tirón. hace un par de días, aprovechando mi pésima memoria -que me hace olvidar enseguida la mayor parte de lo que veo, de lo que leo y, lo que es más grave, de lo que vivo (1)- volví a leerlo en una magnífica Antología del cuento norteamericano seleccionada por Richard Ford, y en esta ocasión, ya antes de que saliese a escena el simpar Bartleby, me había cautivado completamente la irónica descripción que hace el narrador de sus oficinas en Wall Street y de sus tres peculiares empleados,Turkey, Nippers y Ginger Nut. la narración me parecía densa y potente, y de pronto me pareció que era una buena traducción. fui a la última página del relato y comprobé divertido quién era el traductor. luego busqué en el ordenador y me di cuenta de que la primera vez había leído Bartleby en una versión en inglés, descargada de internet y comprendí que quizá mi inglés no me había dado entonces de sí lo suficiente como para apreciar toda la riqueza del relato de Melville. de cualquier manera, de lo que me quedó la duda después, al volver a mi relectura, fue de quién era realmente el que me estaba fascinando, si Herman Melville o si el traduttore, traditore, Jorge Luis Borges, reinventando maravillosa, genialmente Bartleby, el escribiente.


(1) lo que, en principio, tendría la ventaja de poder volver a ver, leer o vivir cualquier cosa casi como si fuera la primera vez, si no fuera porque lo cierto es que, para entonces, lo recuerde o no, uno ya ha perdido irreparablemente la inocencia.

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151, Habseligkeiten

Habseligkeiten fue la palabra elegida en un concurso convocado en 2004 por el Instituto Goethe como la más hermosa de la lengua alemana, y se utiliza para designar las pocas e insignificantes pertenencias de aquéllos que no tienen apenas nada.
Gente independiente –la novela de Halldór Laxness que me recomendó con vehemencia hace unos meses un librero-lector de Castelo Branco– es épica, trágica y agropecuaria. también es cruel, emocionante y, a menudo, entrañable, de forma especial, precisamente cuando el autor fija la mirada en las Habseligkeiten de los personajes. Así, la cabaña en la que acaba viviendo Asta Sollilja con sus hijos nada más cuenta con dos camas, una caja, una silla rota y una estufa de aceite sobre una mesa al lado de la ventana y la vieja Hallbera tiene por únicas posesiones un pañuelo y un pendiente, pero uno de los fragmentos que más me han emocionado –y el que me trajo a la memoria la palabra Habseligkeiten– es éste, que tiene lugar cuando, hacia la mitad del libro, los niños se apiñan ávidos alrededor del maestro que les envía su padre desde Fjord para hacerse cargo de su educación mientras éste deshace su equipaje: “de la boca del saco extrajo primero todas sus pertenencias, su equipaje personal, esas posesiones que le atan a uno a la vida con los más fuertes lazos o, al menos, le hacen la vida tolerable. ¿Y qué posesiones eran esas? Una camisa llena de parches y un calcetín solitario y lleno de remiendos”.

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