para mi catálogo abierto de pérdidas literarias irreparables:
3.- la obra de teatro "Mrs. Davies", de Carlos de Oliveira.
"historia de una sudafricana relativamente misteriosa, cuarenta y pocos años, metro y setenta y ocho de altura, rubia, de ese rubio de cobre al fuego del que saltan reflejos pelirrojos. Belleza, como dicen los especialistas, sazonada (...). Mrs. Davies, llegada de Ciudad del Cabo, desembarca en Lisboa el 29 de noviembre de 1935, víspera de la muerte de Fernando Pessoa. Lo había conocido en Durban, en una escuela inglesa, siendo ambos pequeños, él con nueve o diez años, ella con cinco o seis, y por fin venía en su búsqueda como le prometiera un día, cuando los padres se la llevaron de la ciudad a una finca en el interior del Transvaal. Pessoa siempre le fue fiel. Nunca la olvidó aunque creyese que sí y la cantó sin desfallecer bajo el nombre de Infancia incluso cuando creía estar hablando de otra cosa. Infancia, heterónimo de Mrs. Davies. (...).
En todo caso, advierto que "Mrs. Davies" es una ficción teatral y, por tanto, su pequeña maquinaria imaginativa machaca con indiferencia la realidad, los prejuicios, las propias declaraciones del poeta. Por el hecho de haber repetido muchas veces que tiene saudades de la infancia (...) no quiere decir que forzosamente las tenga. Y sin embargo Mrs. Davies viene a buscarlo, en cumplimiento de una promesa que peso en la existencia y la obra de Pessoa hasta la abulia, hasta el genio (...).
Después de varias peripecias, consigue encontrarlo en el Hospital de S. Luís dos Franceses, ya agonizante. Se dice que tenía al lado sólo tres personas: el sacerdote, el médico, la enfermera, pero evidentemente también estaba Mrs. Davies. Puedo probarlo, porque ese encuentro estaba desde hacía mucho previsto en los astros, en los horóscopos falsos o verdaderos, como si la fatal conjugación de las estrellas apuntase desde siempre hacia el cuarto en el que ahora moría, apaciguado por la mirada que tanto había esperado y que la vida había conservado, a través de todo, azul, lejano, puro:
Y en el cuarto callado
Con la luz que ondeaba
Dejé vagamente
Hasta de soñar..."
Carlos de Oliveira, O Aprendiz de Feiticeiro, Assírio & Alvim, págs. 35-38.