llamémosla señorita trixie (1) porque, sin decirlo, lo está pidiendo a gritos. más de uno, para describirla, diría que es una amargada a la que se le ha pasado el arroz. amargada, lo es, además de huraña. respecto al arroz, no sabemos siquiera si en algún momento lo echó a cocer.
de un tiempo a esta parte, se presenta por las mañanas con una gruesa capa de maquillaje arcilloso cubriendo su cara. uno piensa que la más leve caricia en esas mejillas dejaría tras de sí profundos surcos. por fortuna para el maquillaje, por desgracia para ella, no existen dedos (y, sin duda, nunca existirán) que se atrevan a perpetrar semejantes caricias.
la señorita trixie tiene algo de animal, y su presencia es casi una no presencia, una suerte de añadido al mobiliario gris de la oficina. es hosca con el público, radicalmente parca en palabras y, con tesón, se esfuerza en mantener viva la vieja imagen del funcionario como individuo que jamás se encuentra disponible en su puesto de trabajo. sobre murmullos, entre risas, galopan acerca de ella chismes gruesos, flatulentos, pornográficos, leyendas de una vida socialmente despreciable.
pese a todo, pese a su condición casi vegetal, amoral y agreste, la señorita trixie es el ser más interesante de la oficina, el arquetipo yermo de la frustración, el prototipo fascinante de personaje que camina por el wild side. frente a las jóvenes, a menudo atractivas, inteligentes, tituladas compañeras que parlotean de niños y vestidos, de casas y viajes, que se consideran plenas propietarias de una vida, nadie goza en esta oficina de una existencia tan plena como la señorita trixie. por ello, me enternece su bronca frustración, su truculenta soledad, su sexo encallecido por los roces solitarios, y pienso que si algún día la señorita trixie no vuelve más al trabajo, me sentiré más solo en esta oficina.
(1) singular personaje de La conjura de los necios, de John Kennedy Toole.
Hola, Caníbal...tengo una curiosidad..Tu señorita Trixie, ¿también va con una bolsa que nadie sabe lo que lleva dentro?... Mi propia señorita Trixie, sí, pero yo no he conseguido meter la nariz dentro de la mencionada bolsa. Sigo sin saber que hay en el interior.
Un saludo
a mi señorita trixie no se le conocen bolsas que no sean las de la compra. tiene bolso, pero jamás se me ocurriría meter las narices ahí. si algo tiene de misterioso esta señorita trixie (su soledad no es misteriosa, es una constancia acre) son sus conversaciones telefónicas, a voz en grito, en medio del pasillo, probablemente, con su madre, que uno imagina vieja, trastornada, desvalida o, directamente, muerta, disecada, como la madre de norman bates