a primera hora de la mañana desayunábamos (administrativa, documentalmente hablando) con la ofendida solicitud de maestrino, denunciando cómo una funcionaria de este centro de trabajo vulnera con alevosía y ensañamiento no sólo la normativa antitabaco, sino las más elementales reglas de civismo y educación.
maestrino tiene razón: la señorita trixie no es que las vulnere, es que se las pasa, sin acritud, con apatía, por el arco de triunfo. dicen que el desconocimiento de la ley no exime de su cumplimiento. la señorita trixie no es que desconozca leyes, costumbres o reglamentos, es que las ignora deliberadamente, pasa de ellas, y se exime a sí misma, omnipotente, napoleónica, de su cumplimiento. la señorita trixie es un caso perdido contra el que no valen amonestaciones, amenazas o procedimientos sancionadores (que es capaz de ganar en el contencioso), y el jefe de departamento lo sabe. el jefe de departamento es un pusilánime que esta mañana temblaba como un flan cuando llamó suavemente a la señorita trixie a capítulo a su despacho. estoy convencido de que la señorita trixie no ha abierto el pico. si hubiera querido ladrar, la habríamos oído todos, las persianas venecianas se habrían agitado con violencia y al jefe de departamento se le habrían puesto los pelos de punta.
a media mañana, mientras la señorita trixie se echaba tranquilamente un cigarrito, el jefe de departamento ha salido de su despacho pálido y sudando copiosamente. le han dado un telefonazo: maestrino, que no es tan tonto como pueda parecer, y que debe andar metido en sindicatos, ha denunciado a éstos la actitud infractora de la señorita trixie. los sindicatos, que le tienen ganas al jefe de departamento, han decidido efectuar una visita sorpresa. el jefe de departamento también tiene sus contactos y alguien ha desbaratado la sorpresa: en media hora, como mucho, pasarán por ahí los representantes sindicales, y van a saco, así es que, mira a ver lo que haces.
imagínense la situación: según sale de su despacho, temblando, el jefe de departamento casi se da de bruces con miss trixie, fumando insolente. trixie desarma con una mirada al jefe de departamento que, indefenso y humillado, opta, para sorpresa de todos, por pedirle que se marche a casa, que se tome el resto del día libre, que si hay algún problema, él se encargará de jurar y prometer que estaba enferma. sin decir palabra, con una salvaje mirada de desprecio, la señorita trixie ha recogido su bolso y su abrigo y se ha marchado para casa, no sin antes apurar y apagar en el suelo, con el tacón, el cigarrillo.
sin señora de limpieza que se hiciese cargo del desaguisado con carácter de urgencia, mientras el resto de la plantilla mecanografiaba, examinaba expedientes o miraba para otro lado, el jefe de departamento, con un kleenex, se ha agachado, ha recogido la colilla, ha restregado un poco el suelo y, con cara de asco, se ha ido al baño, a tirarla al water. el ruido amortiguado de la cisterna nos ha asegurado de que la prueba había sido destruída.
seguiremos informando de la visita sindical.
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