me cruzo por la calle con una pareja perteneciente a una cierta beauty menor, provinciana, que tuvo su apogeo, en esta ciudad periférica, a finales de los ochenta. van, sin duda, camino del centro médico. él, bufado, enfermizo, seguramente, cirrótico. ella, después de haber agotado toda operación, estiramiento o tratamiento de belleza posibles, abandonada en medio de ese deterioro patético que comienzan a sufrir de repente, a pasos agigantados, quienes se obstinan en aniquilar los signos exteriores, corporales, del paso del tiempo. el hombre tose, y en el silencio de la calle estrecha reverbera el eco seguro de una muerte cercana. la mujer ni se inmuta. mira pero no ve, camina ajena a la mañana y al mundo, arropada por un abrigo gastado, de hace dos temporadas. los miro y se me viene a la mente la frase latina, sic transit gloria mundi.