ya estoy acostumbrado a la crítica voraz, despiadada, que Thomas Bernhard hace en sus novelas de la sociedad austriaca, especialmente de la vienesa, pero, aun así, me ha sorprendido hoy el carácter completamente corrosivo, casi escatológico, del siguiente fragmento de Maestros Antiguos, que no tiene desperdicio (buen, en realidad, sí tiene desperdicio, y mucha inmundicia):
"Realmente, los vieneses son la gente más sucia de Europa y se ha comprobado científicamente que el vienés sólo utiliza la pastilla de jabón una vez por semana, lo mismo que se ha comprobado científicamente que sólo se cambia de calzoncillos una vez por semana, lo mismo que se cambia también de camisa como máximo dos veces por semana y que la mayoría de los vieneses cambia de sábanas sólo una vez al mes, así Reger. Los calcetines y las medias los lleva el vienés por término medio hasta doce días seguidos, dijo Reger. Visto así, los fabricantes de jabón y los productores de ropa interior no hacen en ningún lugar de Europa tan mal negocio como en Viena y, naturalmente, en toda Austria, así Reger. En cambio, los vieneses utilizan enormes cantidades de agua de colonia de las clases más baratas, dijo Reger, y todos apestan ya de lejos penetrantemente a violetas o claveles o lirios del valle o boj. Y resulta naturalmente consecuente deducir de la suciedad exterior de los vieneses su suciedad interior, así Reger, y realmente los vieneses no son mucho menos sucios por dentro que por fuera, y posiblemente, dijo Reger, digo posiblemente, es decir, no con seguridad, se corrigió, los vieneses son por dentro todavía mucho más sucios que lo son por fuera. Todo hace pensar que por dentro son todavía mucho más sucios que por fuera", en todo momento, según Reger, uno de los protagonistas de la novela, junto con Atzbacher, en ambos casos, en buena medida, proyecciones parciales del propio Bernhard.
con su estilo recurrente, redundante, durante varias páginas diserta Reger, diserta Bernhard, sobre la suciedad de los retretes, las viviendas y las propias personas vienesas y austriacas, llegando a afirmar que “Viena es la ciudad de la música (...), pero también la ciudad de los lavabos y retretes más asquerosos”.
cuando estuve en Viena, no recuerdo que me llamase especialmente la atención la suciedad de los retretes. sin embargo, sí me llamaron la atención las tazas de wáter, diseñadas con un leve remanso de loza que permite a los vieneses, a los austriacos y también a los alemanes –como luego he podido averiguar– examinar sus detritus, con carácter preventivo, para detectar posibles enfermedades, antes de despedirse definitivamente de ellos tirando de la cadena. de todos modos, se puede encontrar amplia información sobre este modelo de taza de wáter en la entrada ‘el wáter comunista’, del blog AitorGarcia.net.
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