nunca me ha gustado dar consejos. principalmente, porque no creo que yo sea quién para darle consejos a nadie, pero también porque me aburre escucharme a mí mismo dándole consejos a alguien, me siento de repente como si yo mismo fuera mi propia abuela dando consejos y no me gusta: no me gusta aburrirme a mí mismo ni me gusta sentirme mi propia abuela.
el problema es que hay veces en las que no puedes negarte, sobre todo cuando llega alguien a quien quieres o al que simplemente aprecias y te pide un consejo. no hacerlo sería como negarle el más elemental de los auxilios, y no te queda más remedio que aconsejarle, con el enorme esfuerzo que ello supone.
y es que el problema es, también, que la gente no es capaz de comprender cómo puede costarte tantísimo trabajo algo tan aparentemente sencillo como es dar un consejo, cuando lo que en realidad sucede es que es esa misma gente la que no entiende la poderosa capacidad de empatía con la que hay contar para comprender la situación desde la perspectiva del otro, lo delicado que es el razonamiento y la difícil que resulta sopesar distintas opciones, ni, sobre todo, la enorme responsabilidad que supone dar un consejo, porque no olvidemos que, cuando uno da un consejo, el otro se puede tomar la libertad de seguirlo, y menudo sentimiento de culpa si, por tu culpa -valga la redundancia- se da un batacazo.
supongo, en definitiva, que el verdadero problema es que la gente, por lo general, aconseja muy a la ligera, sin pensar en las consecuencias de su imprudente parloteo, quizá porque es muy inconsciente o a lo peor porque, a fin de cuentas, los demás le importan un pito.
9 may 2008 | 11:47 AM
Crazy Mary
Yo que tú no daba ni un consejo, y mira que no me gusta darlos...sobre todo porque cuando los das no te suelen hacer ni puñetera caso...y si te lo hacen lo mismo es hasta peor ( como bien dices tú...¡maldita responsabilidad traspasada)...Ah!!, y este charloteo "consejil" no tiene nada que ver con los pitos y su importancia :-P
Escribe un comentario