el desorbitado incremento de los precios de la vivienda en los últimos años, la rápida subida de los tipos de interés y la posibilidad, anunciada por el gobierno, de ampliar los plazos de amortización de las hipotecas le abren a la iglesia una oportunidad de oro para rentabilizar sus inversiones y, sobre todo, para recuperar el modelo de familia tradicional. y es que, ahora que marido y mujer han de trabajar necesariamente para poder pagar, mes a mes, las cuotas del préstamo y que los hijos son, cada día más, potenciales deudores hipotecarios, no hay mejor vínculo para unirlos a todos, para apiñarlos en esa res publica doméstica que es la familia.
ya sólo queda esperar a que la banca vaticana o el banco popular lancen su nueva línea de préstamos hipotecarios para la familia asfixiada económicamente, a un T.A.E. divino y con la bendición del espíritu santo.