acabo de leer los diarios de Pessoa publicados por Gadir. la única pega, fallos de traducción, más de una errata y un criterio un poco extraño al ubicar las notas a pie de página. por lo demás es un libro muy interesante, complementario al Libro del desasosiego, un libro en el que conocer la realidad cotidiana del auténtico (?) Fernando Pessoa.
la edición combina diversos diarios de Pessoa -inconexos, discontinuos, inacabados- con otro tipo de textos, aun cuando personales, más estrictamente literarios.
los primeros son muy interesantes. son escuetos, componen una estricta contabilidad de los días en los que el poeta valora si han sido o no agradables, si han sido o no provechosos, y nos sirven para constatar sus visitas diarias a A Brasileira, sus apuros económicos o su forma de trabajar imprescindible, a salto de mata.
de entre los segundos textos, son muy interesantes el "Plan de la vida", la "Nota" o el "Cuadro bibliográfico". De ese "Plan de vida" me ha parecido curioso este fragmento:
"Soy, en segundo lugar, un a nalista que busca, en la medida de lo posible, descubrir la verdad. Pero el público no quiere la verdad, sino la mentira que más le guste. A esto hay que añadir que la verdad -en todos los aspectos, pero especialmente en cuestiones sociales- es siempre compleja. Pero el público no comprende ideas complejas. Hay que limitarse a darle ideas simples, generalidades vagas, es decir, mentiras, aunque tengan su origen en verdades; y es que ofrecer como simple lo que es complejo, dar sin distinciones lo que es necesario distinguir, ser general donde importa especificar para definir, y ser vago en materias en las que lo fundamental es la precisión; todo esto, es lo mismo que mentir."
También me ha parecido interesante este otro apunte de 1930, de los últimos años del poeta, muchos años después de la época floreciente de Orphéu, de los sueños de ser el supra-Camões, de cuando ya el poeta avanza, cuesta abajo, hacia la muerte:
"Cuanto más profundizamos, con la vida, en la propia sensibilidad, más irónicamente nos conocemos. A los veinte años yo creía en mi destino runesto, hoy conozco mi destino banal. A los veinte años yo aspiraba a los Principados de Oriente; hoy me contentaría, sin detalles ni preguntas, con un final tranquilo para mi vida, dueño de una imprecisa tienda de tabacos.
Lo peor que hay en la sensibilidad es pensar en ella, y no con ella. Mientras desconocía mi ridiculez, pude tener sueños magníficos. Ahora que sé quién soy sólo me quedan los sueños que decido tener."
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