cada vez hablo menos. cada vez opino menos. no sé si porque la realidad me supera o porque ya he agotado todo lo que tenía que decir. lo curioso es que, a medida que callo, noto cómo la gente no para de hablar. en la oficina, por teléfono, en la calle, en los bares, en la radio, en la televisión la gente habla, habla y habla, y, a menudo, incluso opina. cada vez lo hacen más.