al pasar junto a un grupo de mujeres extasiadas en torno al rostro sonrosado de un rollizo bebé, se me queda prendida al oído una expresión muy común en estos casos -“¡hay que ver lo que somos!”- que, al cabo de unos metros de paseo, me trae a la mente otra no menos común en casos diametralmente opuestos y bastante menos halagüeña -“¡no somos nadie!”-, y se me antoja que ambas, emparentadas, yuxtapuestas, constituyen el presupuesto y la conclusión de toda filosofía, encierran inocentes los extremos de nuestra estancia incierta y estupefacta en este mundo.
« 136, hablar | Inicio | 138, Joubert »
Escribe un comentario
Los comentarios están cerrados