lo mismo que resultan más placenteras las vacaciones cuando el resto de los mortales trabaja, qué satisfacción la de mantenerse en la rutina -sin trabajar, eso sí- en estos días en los que los demás soportan resignados los rigores propios de la fiesta, qué gusto da cerrar la puerta al caer el sol con dos vueltas de llave, lejos de barullos, tumultos y procesiones.