hay niños con cara de empleado de banca o de auxiliar administrativo. me los cruzo cada mañana a las ocho. caminan pesadamente con la mochila a la espalda, tienen la mirada apagada y el rostro serio, y uno no sabe muy bien si es que van dejando pasar la infancia aburridos, aguardando el momento en que al fin puedan sentarse realizados en su despacho o en su oficina, o si han perdido ya toda esperanza, abatidos ante el futuro gris que el destino les tiene reservado.