1. ahora que ando de nuevo a vueltas con Pessoa se me ocurre que quizá lo único que le gustaba de Ofélia Queiróz era su nombre, que enamorarse de ella no era sino la consecuencia necesaria de una cierta vocación hamletiana (ser o
no ser; ser muchos o no ser nadie; ser nada o serlo todo de todas las maneras posibles). de ahí su fracaso amoroso, porque el escritor puede estar enamorado sólo de las palabras, pero el hombre no puede estar enamorado sólo de las palabras, pues acaba solo (aunque acompañado, eso sí, de las palabras).
2. me pregunto también qué habría sido de Pessoa si en lugar de legarnos un baúl lleno de papeles nos hubiera dejado una serie cerrada de libros publicados, al modo convencional. presiento que sería mejor poeta, pero no habría llegado a ser un mito. además, de este modo consigue seguir ganando batallas después de muerto, seguir siendo lo que siempre quiso ser: muchos poetas: hay tantos Pessoas como lectores desordenados, tantos Pessoas como críticos y poetas que organizan su obra.
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