"Desde hace mucho tiempo profeso la opinión de que la cantidad de ruido que cada cual puede soportar sin incomodarse está en relación inversa a su inteligencia y puede considerarse como una medida aproximada de sus facultades. Cuando en el patio de una casa oigo ladrar a los perros durante horas sin que se les haga callar, ya sé a qué atenerme sobre la inteligencia de sus moradores. Quien habitualmente da portazos, en lugar de cerrar las puertas con la mano, o tolera esto en su casa, no sólo es un hombre ineducado, sino también tosco y obstuso. Que en inglés la palabra sensible signifique también 'inteligente' descansa sobre una correcta y fina observación. Sólo estaremos enteramente civilizados cuando nuestros oídos queden legalmente protegidos y nadie que no se halle a menos de mil pasos tenga derecho para perturbar la consciencia del estudioso con silbidos, gritos, berridos, martillazos, latigazos, ladridos y otras cosas por el estilo."

Arthur SCHOPENHAUER, El mundo como voluntad y representación